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Hace ahora dos años, el director de un taller de empleo me comentaba la impresión que le había causado el hecho de que una alumna de dicho taller renunciara a una oferta de empleo. Su estupor no venía causado por la renuncia sino por la forma de motivarla. Sencillamente, su novio no estaba de acuerdo.

En los últimos meses, contrastando información con el profesorado, compruebo su desazón por la observación de una involución en materia de igualdad. Que si son los medios, que si es por causa de El Arrebato,…

No tengo el gusto de conocer a El Arrebato, se ve un hombre afable y el himno del Sevilla le quedó perfecto, pero aquello de “Búscate un hombre que te quiera, que te tenga llenita la nevera” merece ser revisado. Ante este pareado el “así planchaba, así, así,…” se convierte en una simpleza.

La autoconfianza es una actitud fundamental de la persona que emprende. Sin embargo, quedan resquicios de actitudes que relegan a la mujer a un segundo plano. Una profesora de secundaria me indicaba que ella veía en esta involución una búsqueda de una falsa protección en la pareja.

Hace unas semanas, hablando con la pequeña Paula, le indicaba que lo más importante es que nunca nadie le impusiera nada. Que ella, única y exclusiva, siempre decidiera.

Un día después le invitaba a escuchar una canción (pulsamos sobre la imagen), canción que propongo para evocar la necesidad de autoconfianza. Esa autoconfianza que ganaron nuestras madres y que deberían refrendar nuestras hijas.

Por cierto, Paula ya canta el estribillo: “Tengo, tengo, tengo y si no me lo invento,…”

Tengo, tengo (Pastora)

Tengo, tengo (Pastora)

 

La transversalidad de las propuestas relacionadas con el fomento de la cultura emprendedora descubre de nuevo la importancia del profesorado como vehículo fundamental para lograr este objetivo. Fue hace dos años cuando una profesora de inglés canalizó hacia su asignatura el mapa conceptual de la propuesta que realizaba en el marco de un curso de formación e-learning dirigido al profesorado y cuyo objeto era formar en el fomento de la cultura emprendedora.  Para ello, esta profesora planteaba con gran acierto tareas que partieran del uso de fuentes en este idioma.

En este sentido, del mismo modo que en otro post hacía uso de la evocación poética en relación a las actitudes emprendedoras, hago en éste uso de la evocación musical. En este caso empleo una propuesta en la que ligo las actitudes emprendedoras de Paul Anka con una canción mítica: “My way”. Se trata de un recurso que empleo como contenido del simulador del ciclo emprendedor CRECE.

Paul Anka era hijo de un emigrante de origen libanés que regentaba un próspero restaurante en la ciudad canadiense de Ottawa, ciudad en la que nace Paul en 1941. El apoyo familiar resultó fundamental para Paul Anka, el adolescente Paul tras emular a sus cantantes preferidos (Frankie Laine y Johnny Ray) consiguió que su padre financiara un viaje a California y, lo más importante, una audición con ejecutivos del sello discográfico Modern Records.

En 1955, sin haber cumplido los catorce años, Paul Anka grababa su primer disco, éste se titulaba “I Confess”. El dísco fue un verdadero fracaso, viéndose obligado a volver a Canadá.

A la determinación, autoconfianza y orientación al logro, ya demostradas en el viaje anterior, Paul suma la tolerancia a la frustración, la paciencia y la perseverancia al reunir una cantidad ingente de sobres de la famosa sopa Campbell´s. Podemos imaginar que la sopa era entre los años 1955 y 1956 plato obligado en el menú del restaurante de la familia Anka. Por aquella época la famosa marca de sopa ofrecía un viaje a Nueva York a la persona que acumulara un mayor número de sobres.

Mítica imagen de la sopa Campbell (Andy Warhol)

Mítica imagen de la sopa Campbell (Andy Warhol)

Para este viaje pide cien dólares prestados a su padre y la cooperación de un grupo canadiense afincado en Nueva York. The Rover Boys. Con ellos se presenta al ejecutivo de la compañía discográfica ABC Paramount. Su carta de presentación fue una canción que dedicaba a su niñera Diana. El ejecutivo acepta la propuesta y reclama la presencia de sus padres para firmar un contrato de cuatro años.

Diana

Diana

La canción Diana alcanzaría en 1958 el número uno en las exigentes listas musicales de Estados Unidos. Desde entonces hasta la actualidad Paul Anka se convierte en un cantante de fama mundial, fruto de la concurrencia de una suma de actitudes propias de las personas emprendedoras y de una clara motivación que convierte la música en su elemento.

Cuando su fama como cantante decrece, muestra su capacidad de orientación al cambio al posicionarse como compositor para otros cantantes. De este modo, compone éxitos como She’s a lady para otro cantante mítico: Tom Jones, canción que también cantara ya en su cénit Elvis Presley.

She´s a lady

Shes a lady

A estas actitudes emprendedoras se une la habilidad comercial que demuestra al comprar los derechos de la canción francesa Comme d’habitude, compuesta por Claude François y que traduciría al inglés como My way.  Para su interpretación se la ofrece al más mítico de los cantantes crooner: Frank Sinatra.

Comme d`habitude

Comme d`habitude

A aquella profesora de inglés que participó como alumna en un curso sobre cómo enseñar a emprender le recomendaría ver como se reflejan en la letra de esta canción las actitudes emprendedoras y, cómo no, en la trayectoria del propio Paul Anka.

La Voz

La Voz