Miércoles 3 de abril, el reloj apunta a las cinco menos cuarto de la madrugada cuando ya he dado buena cuenta del primer café de la mañana, maleta de dos días y rumbo a El Coronil (Sevilla). Me acompaña Jota, agradezco su conversación que evita cualquier conato de sueño, lógicamente inoportuno. En apenas dos horas y media, a velocidad adecuada, llegamos a Los Cazaores (Puebla de Cazalla, Sevilla). Este establecimiento es junto a El Faro, en una de las salidas de Antequera, el que ofrece uno de los mejores molletes de jamón ibérico. Segundo café de la mañana o, más bien, de la madrugada.

Ya en El Coronil, reencuentro con Pepi (técnica del ayuntamiento y antigua alumna) y con Magdalena (técnica del Grupo de Desarrollo Rural del Bajo Guadalquivir y también antigua alumna), el alcalde de la localidad y el gerente del Grupo de Desarrollo Rural realizan la presentación de la acción formativa.Presentación Jornadas Adelquivir

Jota introduce con un relato que repasa la relación entre el hecho de emprender y las acepciones del término necesidad. El alumnado, como siempre variopinto, muestra interés por lo que les contamos o, al menos, así nos lo parece. Hablamos de la posibilidad de emprender en el medio rural. Nos cuentan anhelos, indecisiones, sueños, ideas y oportunidades. Durante cuatro horas hablamos de actitudes emprendedoras a través del estudio de casos conocidos de primera mano.

Jota introduce

Tras el almuerzo, aprovechamos nuestra estancia en la campiña sevillana para intentar concertar una cita con Jorge Gallego, pintor figurativo de Montellano (Sevilla) al que desde hace unos años le sigo la pista.

Licenciado en Bella Artes sevillano, premio nacional de pintura figurativa y ejemplo de persona que demuestra que es más importante lo que se hace que el lugar donde se hace. Visitamos su estudio en Montellano (Sevilla). Jorge nos explica su evolución creativa, la situación del mercado del arte, disfrutando de sus obras y de su conversación. De ésta, Jota y yo destacamos una cita:

“Renuncio a pintar los paisajes porque no aporto valor a su belleza, por este motivo tengo esa querencia por la herrumbre y la ruina”

Destacaría de Jorge su apuesta por fijar su estudio en su lugar de residencia y por ser consecuente con su elemento: la pintura.

Todas las obras expuestas en su coqueto estudio  merecen atención, sobresaliendo por encima de todas “Retrato de una experiencia”. En esta obra destacan las manos de una mujer que denota con su mirada la verdad de quien  ha compaginado con esmero la crianza de diez hijos y la atención al pan que a diario se ha horneado en la panadería familiar.

Con Jorge Gallego, en su estudio

Con Jorge Gallego, en su estudio

Esas manos sobresalen, por encima de todo, como gesto del pintor que pone en valor el esfuerzo y tesón de alguien a quien muestra con su trazo el cariño que le profesa.

El arte es emoción y Jorge, el artista, su consecuencia. Ese cuadro, sobresaliente y magnífico, evoca lo subrayado por su título: “El Retrato de una experiencia”.

En nuestro caso, esa experiencia es el contacto continuo con quien emprende (hoy es Jorge) y es este relato el mejor de los retratos.

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