En algunos casos el propio profesorado indica que es difícil trasladar al alumnado una iniciativa emprendedora cuando el profesorado ha perseguido, opositando para acceder a su plaza, la seguridad en el empleo.

Esta postura, como he indicado en otro post, es equivocada. La iniciativa emprendedora no ha de estar ligada necesariamente a la actividad empresarial. Todo ello, con independencia, de una consideración errónea del concepto de riesgo.

En otros casos, se considera de forma negativa al empresariado, aludiendo a un modelo de empresa que, si bien existe, no es la norma en la realidad empresarial actual.

Esta imagen es fruto de una simplificación que tiene su base en empresas que rozan el universo de Dickens o el cliché trasnochado del Silicon Valley o las Torres Kio (en versión más castiza pero también trasnochada). Escenas como la del Sr Hudsucker en la película “El Gran Salto” sirven para ridiculizar esta visión del empresariado.

El Gran Salto

Sin embargo, no se identifican con el empresariado a artesanos/as o a autónomos/as que se autoemplean o a artistas como Barceló, Russian Red, Estopa, Bebe, Rafael Álvarez “El Brujo”.

El cliché, el estereotipo, el tópico, la transmisión de un concepto que se conoce a distancia, la falta de contacto con la realidad empresarial,…hacen mucho daño al mensaje transmitido, a la percepción del profesorado, del alumnado y de las familias.

Contra este cliché se impone la necesidad de divulgar la diversidad del tejido empresarial y las evidencias de que otro tipo de empresa es posible. Para ello resulta eficiente el estudio de caso, construido, elaborado e interpretado por conocedores de la realidad estudiada.

Capítulo aparte merece la línea de programas de fomento de las vocaciones emprendedoras basadas en el fomento de la economía social, a la sazón la imperante, que transmiten la fórmula de la cooperativa como el súmmum  y no como una posibilidad más entre diferentes opciones. Si consideramos la necesidad de una educación inclusiva, integradora y universal, no podemos difundir en las aulas esquemas que no hagan visible al 99,3 % de las PYME’s. Según las estadísticas de la Dirección General de la PYME (Retrato de la PYME 2010), considerado el ámbito estatal, sólo el 0,7 % de las PYME españolas desarrollan su actividad bajo esta figura.

¿Qué ocurre con las otras figuras empresariales? ¿Cómo se refleja en el aula la autonomía e iniciativa personal demostrada por el empresariado a título individual? [1]

Considero como miembro de la comunidad educativa que llevar la realidad de la empresa a las aulas requiere un mayor rigor, como el empleado para transferir la realidad desde el sector empresarial al sistema educativo.

De este modo, evitaremos manifestaciones que indiquen que la cooperativa es la única forma de emprender con responsabilidad social y el sesgo observado en la aplicación de los proyectos educativos relacionados con el fomento de las vocaciones emprendedoras. Reproduzco un pasaje de la introducción realizada por parte de un maestro en un colegio de un pueblo andaluz en relación al programa Emprender en Mi Escuela (creado a finales de la década de los noventa del siglo anterior):

“…Les damos a elegir (al alumnado) entre dos posibilidades: que monten una cooperativa donde tomen las decisiones en común y se reparten los beneficios o que trabajen para otro en una sociedad donde el empresario se lleva el dinero…”

Todo ello, para no caer en el error subrayado, con el total respeto hacia la fórmula cooperativa, como el que le debemos a cualquier otra fórmula empresarial. No en vano, participo como empresario en fórmulas de economía social.

 

 


[1] Las empresas individuales suponen según el informe aportado como recurso adicional el 53,5 % de las PYMES del Estado español.
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